Cultura Innovadora en tu Compañía

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Juan Carlos Pesántez Valdiviezo, Consultor de Nuevas Tecnologías en el Grupo Industrial Graiman, comparte su opinión sobre la cultura innovadora

 

Escuchar dentro de las empresas, cómo aplicar transformación digital y debatir cuál es la hoja de ruta que se debería desplegar para llegar a buen puerto, con esta convergencia de nuevos conceptos, prácticas e integraciones, es muy habitual encontrarlo en plataformas como redes sociales, blogs y foros, debido a que, el futuro que pensamos o que asegurábamos que iba a tardar mucho tiempo en llegar, parece estar arribando ya a gran escala y no sabemos cuán preparadas están las organizaciones ecuatorianas para apalear esta lluvia de desafíos, que transformarán inevitablemente la forma en la que se manejan los negocios y de ello dependerá, maximizar las oportunidades, o sencillamente quedar fuera de la partida.

Si en nuestros pensamientos, ronda la idea de que transformación digital es un proyecto de las áreas de tecnologías de la información, ya hemos dado el primer paso en falso. Estas capacidades digitales contemplan mucho más que eso, es una verdadera reinvención en todas las áreas, sin perder la visión de la compañía, -ya que eso sería como desconocer el ADN que las creó- y aprovechando el abanico tecnológico en procesos, productos, servicios para entregar al cliente ese valor agregado que lo va a distinguir de la competencia y por qué no, divisar nuevas formas de generar ingresos. Todo lo mencionado, corresponderá construirse sobre una cultura innovadora, cuyo lema se sostiene en cómo debería funcionar la organización, y no, en cómo ha estado funcionando hasta el momento.

La cultura innovadora es una batalla muy difícil de ganar, más aún, cuando la resistencia interna viene de los ejecutivos y empleados, quienes durante dos o tres generaciones que llevan en la compañía, han sido formados para actuar bajo una perspectiva diferente; y su respuesta ante estos cambios, es que han conseguido éxito bajo esa forma de trabajo y no entienden por qué deberían cambiar. La atmósfera que viven las empresas es justamente seguir pensando en realizar los negocios de la misma manera que hace 10 años, sin darse cuenta de que toda ha cambiado; y que en lugar de entorpecer la transformación su misión es apoyarla, ya que conceptos caducos del siglo anterior no pueden estar presentes en los líderes actuales que encabezan las corporaciones. Si las personas no cambian, la solución es reemplazarlos, porque el tiempo se agota.

Organigramas verticales donde la burocracia es algo que se percibe en el ambiente, indicadores departamentales tradicionales que miden objetivos a corto plazo y administradores de áreas que no desean perder su autoridad y jerarquía para dar órdenes en lugar de escuchar y consensuar con los colaboradores que tienen a cargo; matan la innovación. Pero este, no es el único fenómeno que surge de éstos comportamientos, la impresionante cantidad de talento que las compañías desperdician, es otro tema a tomar en cuenta. Como consecuencia de aquello los empleados se marchan o son despedidos por querer ser disruptivos, algo que molesta a los ejecutivos arcaicos, cuando lo lógico y requerido en este tiempo es atraer o retener talento innovador. Steve Jobs decía, “Si se contrata gente inteligente es para que digan que se tiene que hacer, no para decirles que hacer”.

La innovación no se cultiva con carteles colocados en diferentes puntos de la empresa, con correos masivos enviados a todos los empleados de manera recurrente o peor con un ánfora donde los colaboradores pueden depositar su idea innovadora, como si fuera un buzón de sugerencias. Para innovar se requiere una revolución en los equipos, quienes serán las semillas que se las debe cuidar para que se conviertan en verdaderos agentes de cambio, con emprendimientos sostenibles en el largo plazo, con disciplina y sustentados en un dogma de Crear, Medir y Aprender; que Eric Ries nos manifiesta en su libro The Startup Way. Los aspectos indicados deben estar apalancados de la máxima autoridad dentro de la organización, quien es la primera persona en convencerse que esta maniobra es la que sostendrá los negocios en el futuro.

Perder el miedo a realizar las cosas de diferente manera, es lo que incuba resultados diferentes, no olviden que siempre habrá comentarios negativos y personas escépticas, pero si cada vez hay más embajadores que hacen las veces de traductores de esta nueva metodología en cada unidad organizativa, el cambio cultural se destraba y el espíritu emprendedor comienza ganar espacio en el organigrama, logrando convertirse en un área de igual importancia que cualquier otra, cuyo principal objetivo es alterar el funcionamiento del resto de áreas funcionales con técnicas emprendedoras en procesos y proyectos.

¿Cómo hacerlo y por dónde comenzar? La repuesta a ello, es que existen herramientas que ayudan a evidenciar donde atacar, pero no existe un paso a paso que se deba seguir, debido a que cada compañía es diferente en su modelo de negocio y no se puede tener una misma receta para todos, ni tampoco la varita mágica que se mueve y arregla los problemas.

Se puede indagar puertas adentro algunos procesos en los departamentos de cualquier entidad, y plantear interrogantes, así se puede llegar a tener un análisis de que tan imperioso es innovar. Por ejemplo:

  • Si en Recursos Humanos, hacer un escenario de contratación toma más de un día.
  • Si en Finanzas, los presupuestos, balances, planeación reposan en hojas de cálculo.
  • Si la gestión comercial de la fuerza de ventas se llena en agendas.
  • Si hacer pronósticos, Rolling Forecast es un proceso casi imposible de hacer.
  • Si las operaciones manufactureras se registran a mano en formatos impresos.

Todas las condicionantes enumeradas, son muestras de tareas repetitivas del día a día, si alguna de ellas se te hace familiar y se ha convertido en un dolor de cabeza, ya sabes por dónde empezar a innovar. Si no lo haces tú, seguramente alguien más lo hará o lo que es peor, tu competencia lo hará, no pierdas esta gran oportunidad y comienza ya.

 

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fotoAUTOR: Juan Carlos Pesántez Valdiviezo,                                                             Consultor de Nuevas Tecnologías en el Grupo Industrial Graiman

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